Cuando mis amigas comenzaron a tener bebés, me hablaban que a cierta hora del día, sus hijos llegaban a la «hora cero», y que era todo un caos. Yo medio lograba entender de que trataba, o así creía yo. Cuando salía del trabajo era cuando podía llegarlas a visitar, y me decían que ya era la hora cero y que mejor otro día. Yo no lo entendía, yo pensaba «si yo lo que quiero es llegarles a ayudar, que me vean como otro par de manos listas para lo que necesiten» pero hasta que fui mamá entendí de que realmente se trataba la famosa «hora cero».
Los bebés a cierta hora del día se comienzan a poner incómodos, lloroncitos y de mal humor. Normalmente es entre cinco y siete de la noche. Los llantos son prolongados y sin causa alguna. Hay que distraer a esos chiquitines con juguetes, caminándolos, platicándoles, mostrándoles juguetes hasta que se calmen o dejen de llorar.
Es en esos momentos donde están entre que se duermen o luchan por el sueño. Yo aprovecho esta hora para darle un baño con agua caliente, darle de comer y ponerlo a dormir. Con tanto alboroto, no quieres ni recibir visitas, ya que solo te pueden despavilar al bebé o bien, en mi caso, no dejar que disfrute de ese tiempo con mi hijo por pena de dejar plantada a la visita en la sala esperando a que lo duerma.
Expertos dicen que este tipo de llanto va disminuyendo a medida los chiquitines van creciendo. No desesperes, poco a poco vas a ir entendiendo más a tu hijo ya ya no habrá tanto caos.








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