“Algún día voy a poder estar más tiempo con mis hijos y dedicarles el tiempo que merecen”, eso solía decir cada vez que salía tarde del trabajo y llegaba a mi casa a encontrarlos dormidos, o cuando Lucas me pedía que no me fuera a trabajar ya sea para que jugáramos juntos o para cuidarlo si estaba enfermo.
Me daba envidia ver a algunas mamás que podían quedarse en casa o tener más flexibilidad de tiempo para disfrutar esos pequeños momentos con ellos. Llevarlos al doctor, llevarlos a piñatas, o la simple idea de poder irlos a recoger al kínder.
Verán, siempre he trabajado y tanto mi esposo como yo contribuimos en los gastos del hogar. La idea de quedarme en casa para estar con ellos simplemente no era posible. Yo no podría quedarme en casa sin trabajar, porque como les repito, siempre he trabajado y creo que me desesperaría en casa sin hacer nada. Tan solo quería un poco más de flexibilidad de horarios para poder estar un poco más con ellos o un trabajo que estuviese más cerca de mi casa y así poderme evitar las 3 horas de tráfico que pasaba al día para poder llegar temprano por las tardes a cenar con ellos y disfrutarlos antes de llevarlos a la cama.
Siempre le pedía a Diosito que me pusiera el trabajo indicado en mi camino, yo solo quería más tiempo con mis bebes, más calidad de vida para ellos, sin que tuviesen que pasar con la empleada todo el día. No me mal interpreten, la nana de mis bebes es lo máximo y los quiere como que fueran de ella. Pero toda mi vida había querido ser madre y no podía creer que únicamente los miraba alrededor de 3 horas al día. Me estaba perdiendo los momentos más especiales, como por ejemplo sus primeros pasos, sus primeras palabras, sus primeras travesuras.

A principios de febrero una oportunidad de trabajo llegó a mi puerta. Una oportunidad que nunca había tenido. Era un trabajo remoto, para trabajar desde casa. Al principio me dio un poco de miedo ya que era en ingles al 100% y aunque soy bilingüe, nunca había trabajado completamente en inglés, pero solo era cuestión de acostumbrarme. Por otro lado, ya que iba a trabajar desde casa no iba a tener ese trabajo en equipo al que estaba acostumbrada ni tener mi propio espacio de trabajo fuera de casa. A pesar que era lo que siempre había querido, el cambio era grande y debo admitir que me dio un poco de miedo. Pero, por otro lado, era lo que siempre había querido, más tiempo con mis hijos, más flexibilidad, más calidad de vida.
Decidí atreverme a tomar el reto y comencé a trabajar en el nuevo puesto desde el 1ro de abril, y junto con el nuevo trabajo vinieron otros cambios en mi vida. Finalmente, compramos casa y por casualidad en ese momento nos estábamos mudando. Han sido muchos cambios de un solo, y no ha sido fácil especialmente para mis hijos, que no han podido asimilar muy bien el cambio de casa. También creo que el hecho de tenerme en la casa todo el día, los ha confundido un poco, porque ellos creen que estoy allí de vacaciones, para jugar con ellos y no es así. Debo estar conectada todo el día y muchas veces en conferencias. Me ha tocado encerrarme en mi cuarto para poder trabajar y tener mis llamadas. Por otro lado, siento que el tenerme en casa todo el día, les ha afectado en su comportamiento y se han vuelto un poco más “malcriados” y terriblines. Eso combinado con el traslado de casa, que de por si es difícil siempre con niños. Lucas por ejemplo llora todo el tiempo de que no quiere comer, no quiere bañarse, no quiere ir al kínder y mucho menos se quiere dormir temprano. Es más, desde que nos pasamos a la nueva casa, se ha pasado a nuestra cama todas las noches con la excusa que le da miedo las gradas y que en mi cama duerme mejor. Por más que he tratado de decorarle su cuarto y hacerle ver que no pasa nada, siempre se termina pasando a media noche. Julián por otro lado, se encuentra en una etapa que le está copiando todo a su hermano mayor. Comienza a hacer berrinches, y a pelear con Lucas. Llora cada vez que nota que me tomo mi cartera para salir de la casa, cosa que antes no lo hacía. Hoy siente mucho más fuerte mi ausencia y me lo hace saber. Poco a poco estoy segura que las cosas irán mejorando y lograremos encontrar una estabilidad, creo que es cuestión de acostumbrarse a este nuevo estilo de vida.

Lo que puedo decir es que me encanta poder pasar tiempo con mis hijos y disfrutar de esta etapa de sus vidas. Poder ir a recoger a Lucas al kínder casi todos los días, tener el chance de quedarme a verlo en sus clases de natación a medio día, almorzar con ellos etc. No extraño para nada esas tardes de tráfico, ni mucho menos llegar tarde a la casa por las noches. Es un cambio definitivamente a mi vida, en el cual tengo que tener la disciplina para poder concentrarme en el trabajo cuando tenga que hacerlo. A levantarme temprano, bañarme y alistarme para poder enfrentar un nuevo día de trabajo como cualquier otro. Sé que habrá días en los que no podré verlos, por estar conectada en reuniones, o porque tenga que ir en algún viaje de trabajo. Pero definitivamente estoy disfrutándolos como nunca antes.









Deja un comentario