La culpa que cargamos: cuando ser mamá nunca se siente suficiente

Hay una parte de la maternidad que no siempre se dice en voz alta. No porque no sea importante, sino porque muchas veces sentimos que es parte de lo que «nos toca». Porque amamos a nuestros hijos con el alma, y por su felicidad, estamos dispuestas a cargar con todo. Aunque eso signifique dividirnos en cinco para lograr salir con todo lo que la vida nos demanda.

Somos más que mamás. Somos esposas, amigas, empresarias, maestras improvisadas, amas de casa, psicólogas, doctoras de emergencia, choferes, cocineras, asistentes personales de toda la familia, y todo lo que se necesite en el momento. Y muchas veces, lo hacemos sin que nadie lo note. Con una sonrisa en la cara y un «estoy bien» en la boca, mientras por dentro sentimos el cansancio de mil batallas.

Nos dividimos entre juntas, entregas, clientes, planificaciones y deadlines… al mismo tiempo que gestionamos la lista del supermercado, el uniforme que se olvidó lavar, la tarea de matemáticas que no entiende, el cumpleaños que se nos olvidó comprar regalo y la lonchera saludable que ahora debe llevar fruta en forma de carita feliz.

Y aunque lo hacemos con amor, también duele. Duele perdernos sus partidos de fútbol, los actos del colegio, la piñata de su mejor amigo o simplemente una tarde en el parque. Duele no poder estar siempre, aunque deseamos con todas nuestras fuerzas hacerlo.

Vivimos con la culpa constante de sentir que no estamos dando lo suficiente en ningún área. Que no somos suficientes. Que fallamos como mamás cuando no llegamos a tiempo, cuando respondemos con cansancio, cuando nos perdemos momentos que sabemos que no volverán.

Y llegamos a casa en la noche, corriendo contra el reloj para hacer tareas, baños, cenas, preparar uniformes, dejar mochilas listas. Y ese tiempo de calidad que queremos darles se convierte en un suspiro, en una conversación entre bostezos, en una caricia apurada antes de que el día termine.

Pero aun así, seguimos. Porque ellos lo valen. Porque los amamos más que a nada. Porque aunque el corazón duela y el cuerpo pida descanso, no hay nada que deseemos más que verlos felices.

Este es un abrazo para todas las mamás que callan, que cargan, que se esfuerzan, que aman con locura. No estás sola. Lo estás haciendo bien, aunque a veces sientas que no.

Y si hoy te sentís agotada, frustrada, culpable o simplemente triste, permitite sentirlo. Porque en ese silencio también hay amor. Y porque merecés también escucharte y cuidarte, así como cuidás a todos los demás.

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Soy Ana

Bienvenidos a mi blog! Un espacio donde hablaremos sobre la maternidad! Un espacio real, honesto y lleno de emociones donde comparto lo bonito y también lo difícil de ser mamá. Aquí hablamos de culpas, amor incondicional, cansancio, risas, retos y esa constante búsqueda de equilibrio entre ser mujer, madre, profesional y todo lo demás. Si alguna vez te has sentido abrumada, feliz, agotada y profundamente agradecida… este blog es para ti.