¡Llegó el verano!

Se sienten los días más largos, el calor más intenso, y los niños… más activos que nunca. Para muchas de nosotras, esta época viene con emociones mezcladas: por un lado, qué alivio decirle adiós a los uniformes, las tareas y en lo personal, las loncheras; por otro, la gran pregunta existencial: ¿y ahora qué hacemos con ellos todo el día?

Porque aunque para los niños el verano es sinónimo de vacaciones, para nosotras la vida no se detiene. Seguimos trabajando, cocinando, limpiando, resolviendo… y ahora además, con los peques en casa, pidiendo atención cada cinco minutos, buscando qué hacer, qué comer, qué inventar. Y sí, escuchamos esa frase temida que aparece tan temprano como a las 9 de la mañana: “Mamá, estoy aburrido”, o en mi caso «¿qué vamos a hacer hoy?».

Más de alguna vez nos preguntamos si deberíamos estar haciendo más. ¿Será que deberían estar aprendiendo algo? ¿Y si se les olvida todo lo que vieron en el colegio? ¿Estoy fallando si no tengo un plan lleno de actividades educativas, creativas, sin pantallas y con snacks saludables? Pero la verdad es que no todo el aprendizaje pasa por un cuaderno. Jugar, explorar, aburrirse, observar, ensuciarse, imaginar… todo eso también educa. A veces, hacer “nada” es exactamente lo que sus cerebros necesitan para crear, para descubrir, para aprender a entretenerse solos. Y eso también es valioso.

No siempre tenemos la opción de pagar un curso de verano, contratar ayuda o tener el tiempo (ni la energía) para inventar actividades cada día. Pero eso no quiere decir que estemos sin recursos. A veces, una pequeña rutina, no rígida, pero sí predecible, ayuda más de lo que parece. Un poco de juego libre, algo de ayuda en casa, una tarde de películas o una receta en la cocina puede ser todo lo que necesitamos para sobrevivir un día a la vez. Y sí, está bien si algunos días hay más pantallas de lo recomendado, si el desayuno se vuelve cena, si pasan todo el día sin bañarse o si simplemente no hicimos nada “productivo”. Ser mamá no es ser animadora infantil de tiempo completo. Lo que importa es estar ahí, con amor, con paciencia (la que podamos ese día), con disposición a acompañarlos, incluso en el aburrimiento.

A veces, en medio del caos, el verano también nos regala momentos hermosos. Esa risa mientras hacen una guerra de almohadas. Ese abrazo espontáneo mientras cocinan juntos. Esa conversación sin prisa mientras regamos las plantas. Momentos que no estaban en ningún plan, pero que se nos quedan para siempre.

Así que si hoy te sientes abrumada, si te levantaste sin un plan claro, si mirás el calendario y piensás “¿cómo voy a sobrevivir hasta agosto?”, te digo algo desde una mamá que también lo está viviendo: lo estás haciendo bien. Tus hijos no necesitan un verano perfecto, solo necesitan a una mamá presente, real, que los acompañe, incluso cuando no sabe exactamente qué hacer. Y eso, aunque no lo parezca, ya es muchísimo.

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Soy Ana

Bienvenidos a mi blog! Un espacio donde hablaremos sobre la maternidad! Un espacio real, honesto y lleno de emociones donde comparto lo bonito y también lo difícil de ser mamá. Aquí hablamos de culpas, amor incondicional, cansancio, risas, retos y esa constante búsqueda de equilibrio entre ser mujer, madre, profesional y todo lo demás. Si alguna vez te has sentido abrumada, feliz, agotada y profundamente agradecida… este blog es para ti.