El grito que no queríamos dar (pero dimos)

Hay momentos en los que sentimos que todo nos sobrepasa. El trabajo, la casa, las prisas, las mochilas tiradas, las montañas de ropa sucia, la lista de súper, las loncheras, los platos sucios, los pleitos entre hermanos. Ese “mamáaaaaa” que se repite como un eco sin fin.
Y aunque nos prometimos mil veces no hacerlo, un día lo hacemos: gritamos.

No porque no los amemos. No porque queramos herir. Gritamos porque estamos agotadas. Porque el cansancio nos nubla. Porque sentimos que perdemos el control.
Y por un segundo, ese grito parece darnos algo de aire… Pero luego llega el silencio. Y con él, la culpa. Esa que se siente como un nudo en el pecho cuando vemos sus caritas confundidas, tristes, asustadas. Sabemos que no era la forma. Que esa explosión no resolvió nada. Solo dejó un pequeño daño que no queríamos causar.

Entonces, ¿qué hacemos?

Primero: respirar y pedir perdón.
Segundo: hablar con ellos. Explicarles que mamá (o papá) se sintió abrumada, que cometió un error, pero que está intentando hacerlo mejor.
Y tercero: buscar herramientas. Porque sí existen. A veces basta con cerrar los ojos, contar hasta diez, salir un segundo del cuarto o simplemente guardar silencio. Ellos aprenden de lo que decimos, pero mucho más de lo que hacemos.

Hace unos meses leí sobre un “reto de no gritar”. La idea era simple: un día a la vez.
Me animé a hacerlo y, para mi sorpresa, logré pasar tres semanas sin gritar.
Y lo más bonito fue que mis hijos también cambiaron: me escuchaban mejor, dejaban de pelear, y la casa se volvió más ligera, más feliz.
Claro, fallé en la cuarta semana. Soy humana. Pero entendí algo valioso: esto no se trata de ser perfectos, sino de volver a intentarlo cada día.

Un día a la vez. Una pausa antes del grito. Una oportunidad para enseñar con amor.

¿Quién se anima a hacerlo conmigo de nuevo?
Si te sumás al reto, contame cómo te va. Compartamos este camino juntas. Porque gritar no nos define. Pero elegir cambiar… sí puede hacerlo.

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Soy Ana

Bienvenidos a mi blog! Un espacio donde hablaremos sobre la maternidad! Un espacio real, honesto y lleno de emociones donde comparto lo bonito y también lo difícil de ser mamá. Aquí hablamos de culpas, amor incondicional, cansancio, risas, retos y esa constante búsqueda de equilibrio entre ser mujer, madre, profesional y todo lo demás. Si alguna vez te has sentido abrumada, feliz, agotada y profundamente agradecida… este blog es para ti.