Me enteré que iba a ser varón y lloré por 3 días

3, 2, 1 ¡BOOM! Reventamos el globo negro y salieron papelitos celestres, “It’s a Boy”.

Siempre me han gustado los bebés, me parecen que son súper tiernos y adorables. Mi esposo dice que yo nunca puedo ver un bebé feo, porque todos me parecen divinos. Pero es que son unos seres inocentes, que nos llenan a todos de ternura y amor. Siempre dije “cuando tenga hijos quiero tener un varón, pero Diosito sabe que sin una niña, yo me muero”.

Me convertí en mamá y mi vida cambió por completo. Tuve mi primer varón, Lucas, el cual me convirtió en la mujer más feliz del mundo. Por fin tuve mi propio muñeco con quien jugar a la casita, vestirlo, darle de comer y cuidarlo. Todo giraba alrededor de Lucas y de cómo hacerlo feliz. Como era nuestro primer hijo, no quisimos conocer el sexo hasta el nacimiento, y fue una emoción inigualable. Ver esa personita que había estado adentro de mí por nueve meses salir al mundo por primera vez, fue lo máximo.

Quedé embarazada por segunda vez a los dos años y esta vez sí quisimos saber el sexo del bebé. Queríamos prepararnos con todo, poder llamarle por su nombre antes que naciera y saber si Lucas iba a tener un hermanito o una hermanita. Desde que lo concebimos yo tuve un sueño, soné con una flor rosada que en mi sueño representaba una bebé. Desde allí supe que estábamos embarazados. Durante las primeras 15 semanas tuve varios sueños y siempre eran con niñas. No me quería ilusionar pero en el fondo de mi corazón yo deseaba a mi Renata.  Un paréntesis aquí, como el primer embarazo fue sorpresa, los dos nombres que teníamos escogidos eran Lucas y Renata.

Cuando nació Lucas, yo le dije a mi esposo “la próxima será mi Renata” y hablamos de ella como que ya fuera parte de la familia “Cuando la Renata nazca…. La Renata aquí, la Renata allá”.

Se llegó la semana en la 18, en la que me iban a poder decir el sexo de esa personita que llevaba en mi vientre. Ese día le dije a mi doctor que no nos dijera nada, que solo lo escribiera en un papelito y lo guardara en un sobre. Queríamos hacer un “gender reveal” con la familia y que fuera sorpresa para todos. Fui con el papelito a un lugar de piñatas para que me inflaran un globo negro y lo llenaran con confeti del color del sexo del bebé. Todo el camino hacia el lugar de piñatas, me mordía las uñas por abrir ese sobre y leer lo que decía el papelito, pero logré aguantarme.

En la noche llegaba toda la familia a cenar a la casa y allí revelaríamos el sexo del bebé. Toda la familia tenía que llegar con color de camisa del sexo que creería que fuera. A pesar que durante las primeras semanas había estado soñando con una niña, tenía dos semanas sospechando que era varón, así que me puse una camisa celeste. Recuerdo haberle dicho a una amiga del trabajo cuando me preguntó que creía que era “Yo no sé porque pero sospecho que será varón, no creo haberme portado tan bien como para que Diosito sea tan bueno conmigo en mandarme a mi Renata”.

Se llegó la hora de reventar el globo y conocer que sería. Los nervios y emociones estaban a flor de piel. Cuando reventamos el globo pasó lo que me sospechaba, salieron papelitos celestes. En el momento fue una gran emoción, todos los que sospecharon que era varón estaban bien emocionados, Lucas tendría a un hermanito con quien jugar, sería su mejor amigo. Habíamos otros que aunque no lo demostramos, estábamos con sentimientos encontrados. Recuerdo que se fueron todos y ni mi esposo ni yo dijimos nada, nos fuimos a dormir sin decirnos una tan sola palabra.

Los siguientes tres días pasé llorando con una tristeza que no podía explicar. Incluso le escribí a mi doctor para confirmar que lo que vio en esa ultrasonografía fue un varón y no se equivocaron en el lugar de piñatas. Al tercer día decidí aceptarlo y hacerme de la idea que tendría dos varoncitos. Le pedí perdón a ese bebé por no emocionarme por su llegada, le expliqué que no era que no lo quería, simplemente en el fondo de mi corazón yo quería una niña, pero que Diosito había decidido mandármelo a él y le prometí que de allí en adelante iba a disfrutar mi embarazo al máximo. Nos costó decidirnos por su nombre, los dos nos habíamos hecho de la idea de Renata, y buscar un nombre de varón no estaba en los planes. Luego de un par de meses decidimos ponerle Julián.

Cuando nació y lo vi por primera vez sentí una conexión increíble. Como fue cesárea, recuerdo pedirle al pediatra cuando me lo enseñó que me lo pusiera cerca de mi carita para poderlo abrazar y que me lo dejara un momento para poder sentir su calorcito. Julián al sentirme cerca se calmó y dejó de llorar y nos quedamos abrazaditos por más de 5 minutos. Desde entonces supe que él y yo íbamos a tener una conexión especial.

Debo admitir que los primeros dos meses fueron un poco difíciles porque sufría mucho de cólicos y reflujo, pero una vez pasó el segundo mes todo comenzó a mejorar. Julián es un bebé increíble, pasa sonriendo todo el día. Es bien tranquilo y no molesta para nada. No le gusta estar solo, ama estar adonde hay ruido y personas.  Es un gordo chele pelirrojo divino, por todo sonríe y con todos se va. Le encanta comer, se toma hasta 10 onzas de leche antes de dormirse, y tiene unos rollitos que me los como todo el día. Ama sus horas del baño, lo tranquilizan mucho. Le encanta cuando lo sacan a pasear al parque, ya que no le gusta pasar encerrado en la casa pues sufre un poco de calor.

¿Qué cómo es con el hermano? Lucas y Julián se aman con locura. Es abriendo los ojos y Lucas me pide ir a saludar a Julián y a darle el besito de buenos días. Lo mismo antes de dormirse, no se puede ir a dormir sin darle su besito a su hermano, o no se puede ir al kínder sin despedirse de él, se lo come a besos. Julián es escuchando la voz de Lucas y se pone inquieto, a moverse y a buscar a su hermano. Le fascina que le platique, escucharlo hacer locuras, verlo jugar y sobre todo que le haga caricias. Ya comienzan a jugar y a convivir juntos y a mí me encanta verlos como comienzan a interactuar como hermanos.

Hoy más que nunca estoy convencida que Diosito no se equivoca, que hace las cosas por algo y que tienen un propósito para cada uno en esta vida. A mí me mandó a dos varones, y aunque al principio no lo entendí y me puse triste por mi Renata, hoy le agradezco porque son dos varoncitos espectaculares. Nos amamos con locura y sé que así será toda la vida, me cuidaran y me amaran siempre. Hoy tengo el reto de criarlos para que sean hombres buenos, cariñosos, responsables, detallistas, respetuosos, y que siempre sepan que la familia viene primero y que es lo más importante que uno tiene.

¿Si vendrá o no la Renata? Pues todavía no lo sé, aunque muero por mi niña, hoy por hoy estoy feliz con mis hijos, enamorada con locura de ellos y sumamente agradecida con Dios por escogerme a mí para ser madre de estos dos chiquitines que son lo mejor que me ha pasado en esta vida. Dicen que no hay mejor regalo para un hijo que darles a un hermano, porque se vuelve tu mejor amigo por el resto de sus vidas. Estoy segura que Lucas y Julián serán los mejores amigos del mundo.

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Soy Ana

Bienvenidos a mi blog! Un espacio donde hablaremos sobre la maternidad! Un espacio real, honesto y lleno de emociones donde comparto lo bonito y también lo difícil de ser mamá. Aquí hablamos de culpas, amor incondicional, cansancio, risas, retos y esa constante búsqueda de equilibrio entre ser mujer, madre, profesional y todo lo demás. Si alguna vez te has sentido abrumada, feliz, agotada y profundamente agradecida… este blog es para ti.