¿Hasta qué nivel se consiente demasiado a un hijo? Antes de ser mamá pensaba que había mamás que consentían mucho a sus hijos, que los estaban malcriando. Ahora que soy madre de dos, comprendo a todas esas mamás y lo equivocada que yo estaba. ¿Existe algún manual de hasta dónde consentir a tus hijos? Estoy clara, y muchas mamás estarán de acuerdo conmigo que hay límites por supuesto.
Ahora comprendo que nosotros los padres somos un símbolo de seguridad para ellos, que mis hijos me necesitan no por malcriados, no por ser dependientes de nosotros (o quizá sí), pero principalmente porque yo o su papá somos su tierra firme, su estado de confort, su “safe place”. Arrullar a Julián de 4 meses en mis brazos a la hora de dormir me parece algo normal y natural. Consentir a Lucas de dos años y medio también; diferente sería si se tratara de un adolescente. Y es que ¿Quién dicta las reglas de cómo amar y consentir a los hijos?¿Qué es realmente un mal hábito cuando se trata de sentirnos amados y seguros cuando somos niños? ¿Hasta dónde llega el consentimiento de un padre o una madre? ¿En qué momento es malo?
He leído mucho sobre el tema, por ejemplo de que hay que quitarles el biberón alrededor de los 2 años. Inclusive mi pediatra me dice que Lucas debería de tomar biberón, a lo mucho 1 vez al día. Pero él ama su “pachita”, es como su llave para relajarse y dormir. Sin su pachita y su colchita no logra dormir. Hay días en que no quiere pacha, y si toma sería después de cena unas 5 onzas. Pero hay días que me pide hasta 3 veces. Yo feliz de dársela porque no le veo nada malo en que tome leche, una fuerte fuente de calcio. Existen niños que ya no consumen leche nunca más, dejando de recibir esas vitaminas tan importantes. Sí, tengo claro que tengo que comenzar a dársela en vasito y no en biberón, pero que tome toda la leche que quiera. Soy del pensar que el solo la va a ir dejando sin tener que ser a la fuerza.

Otra forma en que los consiento y por veces soy criticada es en darles un baño antes de dormir, sobre todo con Julián. A ambos los acostumbre de bebés a bañarlos por las mañanas y por las noches. Siento que los ayuda a relajarlos y a que duerman mejor. Con Julián no puedo pasar de las 6 de la tarde sin bañarlo porque le agarra la “hora cero” y comienza a ponerse incómodo y lloroncito. Mi esposo me dice que yo misma me estoy esclavizando a siempre bañarlo a esa hora y que debería dejar de hacerlo. Pero a mí me encanta bañarlo, Julián lo disfruta mucho. Desde que escucha que comienzo a calentar el agua comienza a sonreír y a moverse como loco. Le encanta chapotear y jugar con todos los juguetes que le pongo, además lo relaja y es mi tiempo a solas con él después de todo un día sin verlo por el trabajo. Eso le ha ayudado a que me duerma toda la noche desde los 3 meses.

Con Lucas es diferente, ya no lo baño de noche, pero me voy a su cama para dormirlo, y me acuesto con él hasta que se duerme. Muchas mamás me dicen “uy no yo solo les digo buenas noches y les cierro la puerta. Así no se acostumbran a tenerme allí con ellos y a dormirse solos”. Muy bien por Uds. mamás, pero a mí me encanta dormirlo, leerle un cuento, sobarle el pelo y cantarle hasta que se quede dormidito. Es mi tiempo a solas con él donde jugamos un poco, rezamos, nos reímos, nos apapachamos y nos quedamos dormiditos tomados de la mano. Porque si, hay veces que yo también me quedo dormida. No me importa que me tome más tiempo pero es algo que siento que él valora. A pesar que muchas veces tengo hambre, tengo sueño o simplemente quiero tirarme a ver televisión. A pesar que entre más tarde se duerma, más tarde comienzo a hacer los demás pendientes que tengo de la casa. Pero es que el tiempo pasa muy rápido y cuando menos sienten ya se crecieron y no les gusta que los duermas o los apapaches. Es el momento en el que me desconecto de todo, del celular, de las cosas de la casa, de mis necesidades y solo se lo dedico a Lucas. Me encanta contagiarme de sus risas, de su inocencia, de su alegría. Me encanta volverme niña y ver la vida como la mira él.

Lo mismo con Julián, muchas veces a pesar que ya se durmió, lo sostengo en mis brazos apapachándolo, sintiendo su respiración, admirando su carita de ángel, y solo disfrutándomelo solo para mí. Porque cuando menos sienta ya estará tan grande que no lo podré cargar y recostarlo en mi pecho. Son esos momentos que me lleno de sus energías y se me olvida todo. Cuando Julián cumplió 3 meses me dijo el doctor que ya era hora de acostarlo en su cuna que se fuera acostumbrando a dormirse solo. ¿Cómo es posible que vaya a dejar a una cosita tan pequeña que se duerma solito? Como lo alimento 100% con leche materna, cuando le doy pecho, se queda dormido en mis brazos mientras le saco el aire. Yo no sé cómo le hacen otras mamás, pero a mí me parece sumamente importante esos momentos de bonding que tienes con tu bebé mientras los duermes. Como trabajo todo el día, es mi único momento que tengo con él a solas, sin que nadie nos moleste. Salgo corriendo del trabajo solo para llegarlo a bañarlos, darle de comer y dormirlo. Dejo de hacer todo lo demás con tal de llegar temprano a casa a estar con él.

La hora de dormir de Lucas, regularmente es a las 8-8:30. Pero no siempre logro que se duerma a esa hora. Muchas veces dependiendo de cuanto me tome dormir a Julian, dejo que Lucas se quede más tiempo despierto para poder pasar más tiempo con él y consentirlo. Ya una vez dormido Julián soy toda para Lucas y es donde podemos hacer destrozos en la casa, ver TV, jugar escondedero, jugar con sus pelotas, perseguirlo por toda la casa, hacerle cosquillas etc. Estoy consciente que al día siguiente tiene kínder, y debe dormirse temprano, pero no son todos los días que se duerme tarde. Escucharlo decir “mamá vente a sentar conmigo” o “mamá juguemos” o “mamá juguemos otro ratito por favor” me parte el alma, y por supuesto que nos ponemos a jugar.

Muchos dirán que se están acostumbrando a su papá y a mí, pero la verdad no me importa. Con lo rápido que va el mundo y lo impersonal que se está volviendo, tengo que aprovechar de pasar la mayor parte del tiempo con ellos. De llenarlos de besos, apapachos, y caricias. De consentirlos y mimarlos. De llenarlos de muchas risas, abrazos y memorias. Porque cuando menos sienta, se crecerán e irán marcando su distancia y un día tal vez no haya espacio para mí en su cama, un día ya no me pedirán que juegue con ellos, o que les lea un cuento antes de dormir. Quiero pensar que esto lo van a recodar toda su vida, y eso los hará mejores seres humanos y mejores papás cuando les llegue su hora. Quiero que se acuerden de su infancia con alegría y como se divertían conmigo.









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